Origen
Alberto Ascanta aún lo recuerda con claridad: tenía solo seis años cuando acompañó a su padre, Enrique, a la feria de Otavalo. Enrique llevaba un poncho, una gualca y un reloj con la esperanza de dejarlos como garantía a cambio de dinero. Sin embargo, no consiguió nada, ya que los usureros consideraron que esos artículos carecían de valor en relación con la suma que Enrique necesitaba.
Alberto nunca olvidará la desilusión que se reflejaba en el rostro de su padre. Esa misma frustración, con diferentes matices, se repetía una y otra vez en los habitantes de La Compañía, una comunidad indígena de Otavalo.
Fue esa acumulación de desengaños la que los llevó, en 1983, a formar una precooperativa dentro de la Asociación Comunidad Cristiana Católica Liberación (ACLI). La naciente entidad financiera se fundó con 28 personas, ilusionadas con la posibilidad de tener una institución que no les impusiera tantas trabas como los bancos, ni les arrebatara su dinero con intereses exorbitantes como lo hacían los usureros.
La memoria de nuestros fundadores prevalece:
Durante los primeros años, el ente crediticio únicamente cedía dinero a los habitantes de La Compañía, pero con el paso del tiempo sus administradores se vieron en la necesidad de formalizarse como cooperativa y expandir su campo de acción.
“Para recibir los préstamos, los socios se turnaban”, así lo recuenta Francisco Cando Castañeda, otro de los fundadores, quien añade que, con el pasar de los meses, compraron un terreno al pie del volcán Imbabura, predio que utilizaron para sembrar y al que madrugaban para ir a pie a realizar las labores agrícolas.
Rosa Morales, socia-fundadora, rememora que los primeros préstamos sirvieron como capital de trabajo. Agricultores, comerciantes y artesanos invertían el dinero recibido en semillas, mercadería y materiales.
Nace la Cooperativa de Ahorro y Crédito Imbacoop Ltda.
En 1998, la Cooperativa de Ahorro y Crédito Imbabura Imbacoop Limitada tomó cuerpo y sus operaciones se tecnificaron. Saltó a escena en plena época de la crisis financiera y del feriado bancario (1998-1999) que decretó el presidente de la República, Jamil Mahuad.
El pánico que generó esta crisis hizo que las cooperativas naden contra corriente, por un lado se vieron salpicadas por el desprestigio del sistema financiero, pero por otro se convirtieron en la única opción de ahorro y crédito para la ciudadanía.
Debido al feriado bancario, la década de los 90, que se caracterizó por la migración de ecuatorianos hacia España y Estados Unidos, se convirtió en un éxodo de compatriotas hacia esos y otros destinos.
Desde nuestros orígenes respetamos el dinero de nuestros socios
Alberto Ascanta, quien desde entonces ejerce la gerencia general de Imbacoop, resume en una anécdota lo que significó la crisis financiera para la cooperativa. Una señora, que había recibido USD 2.000 de su hijo desde el exterior, dudaba de depositar el dinero, ante lo cual pidió una garantía. La garantía que Imbacoop le extendió fue su razón de ser: que la ciudadanía cuente con una organización que respete el dinero de sus socios, pues comenzó gracias a los fondos que aportó su gente y fueron esos recursos los que le permitieron crecer y proyectarse.
“La cooperativa estaba en La Compañía, nosotros vivíamos en La Compañía, no íbamos a salir huyendo con el dinero de nadie. El último depósito de la señora fue de USD 150.000; para entonces la señora ya no dudaba, confiaba en nosotros porque su dinero se mantuvo a buen recaudo y siempre lo tuvo disponible”, resume Ascanta.
Esa forma de actuar, de relacionarse con sus socios, provoca que Imbacoop evolucione con los pies sobre la tierra, sin tomar riesgos innecesarios. En agosto de 2004 la entidad fue aprobada y legalizada. Ahora, además de la matriz en La Compañía, tiene agencias en Otavalo, San Pablo, Cotacachi, Atuntaqui, Ibarra, Cayambe, Baños, Tena, Puyo, Quito, Riobamba y Cuenca.
“Si en verdad lo quieres, el camino se construye bajo tus pies”
Ing. Alberto Ascanta
